El «buen vivir» para la construcción de alternativas*
Para ninguno de nosotros es desconocido que vivimos una época de búsqueda de alternativas, que hemos superado la etapa de la resistencia.1 Las opciones y las posibilidades de encontrar las respuestas adecuadas son múltiples, complejas y en ocasiones contradictorias. Creo fundamental entender, que para superar el capitalismo tenemos que trabajar con visión utópica de futuro, arrastrando, en un inicio, muchas de sus taras para llegar a caminar sin los pies del capitalismo.
El capitalismo no se supera por decreto. No desparecerá por una simple voluntad impuesta o por efecto de declaraciones líricas; pensar que ese es el objetivo constituye un grave error y no hace bien a los procesos de cambio. Es importante entonces, estar conscientes de que la tarea de superar el sistema capitalista es muy compleja y difícil, debido a las mismas limitaciones impuestas por este sistema, por lo que el reto para los pueblos de la América Latina y el mundo es particularmente arduo. Pero es una tarea indispensable, porque las condiciones actuales del capitalismo no permiten esperar más, no se puede mantener a largo plazo un modelo que resulta depredador, no sólo de la mano de obra, sino sobre todo de la Naturaleza.
Es, a no dudarlo una tarea de innegable creatividad, que nos remite al viejo Carlos Marx, cuando, en el prólogo de la primera edición de El capital, él ya anticipó que su obra fue escrita pensando en «lectores que quieran aprender algo nuevo y que, también, quieran pensar por sí mismos» («Ich unterstelle natürlich Leser, die etwas Neues lernen, also auch selbst denken wollen»). Para salir del capitalismo, en definitiva, no hay espacio para dogmas y respuestas ortodoxas.
Quisiera plantear algunas ideas que inspiran al neoliberalismo, dentro de la lógica del sistema capitalista, para estar conscientes de cuáles son aquellos aspectos medulares que tenemos que desmontar. La eliminación del neoliberalismo no significa necesariamente acabar con el capitalismo, que es «un sistema de valores, un modelo de existencia, una civilización: la civilización de la desigualdad», como lo entendía el economista austríaco Joseph Schumpeter.
Los valores fundamentales de esta civilización, desde una perspectiva filosófica e ideológica, se nutren de una serie de mensajes que han calado hondo en nuestra sociedad, así como de supuestos que difícilmente se cumplen en la realidad. En primer lugar, está el mito de que si, en un ambiente de competencia y «libertad», cada individuo busca su beneficio personal, se logra al cabo el beneficio de todos –el óptimo social– idea que se conoce como teorema del bienestar. Esta es una visión ideológica sin futuro, que aun en la ciencia económica neoclásica se reconoce como una excepción, pero que ha marcado con profundidad la visión de nuestros países. Se trata de uno de los mensajes más poderosos y uno de los elementos más vigorosos sostenidos por el neoliberalismo, pues ha sabido apropiarse de un valor tan importante como la libertad; valor fundamental para cualquier transformación revolucionaria y que, por lo tanto, debe también estar presente en el actual proceso de cambios.
En segundo lugar, también se ha dicho que no podemos en este momento dar pasos hacia la redistribución de la riqueza, porque resultaría en una redistribución de la pobreza. Nos quieren convencer de que la alegoría del pastelero es la más adecuada; es decir primero hay que preparar el pastel, dejar que crezca, tenerlo listo, y luego distribuirlo. Pero esta lógica, por demás parcializada, ignora la forma sistemática en que se entrelazan los procesos económico-sociales de producción, distribución e incluso, acumulación. Un sistema productivo sólido y creciente se sustenta en una adecuada distribución –que permita potenciar y aprovechar las capacidades creativas y productivas de todos los individuos– y a su vez, un sistema distributivo es más eficaz mientras mayor sea la producción a ser distribuida. Lamentablemente la mencionada alegoría del pastelero ha estado muy presente en las élites de nuestros países, cuando escuchamos, una y otra vez, argumentos contrarios a una redistribución, lo cual en sí ya entraña una visión perversa de cuáles son los elementos que debemos abordar.
viernes, 14 de noviembre de 2008
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